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EL PINTOR DEL COLOR

¿Puede un retrato estático cobrar vida? ¿Puede una pintura convertirse en un objeto móvil? Lo que a priori suena como una quimera, se acerca a la realidad con el trabajo de Alberto Ramírez, un pintor español que esta semana expone sus obras en la Alianza Francesa.

Alberto Ramírez nos recibe apenas una hora después de aterrizar en Tocumen. El viaje ha sido largo, pero él insiste en que no nos preocupemos, “no estoy cansado, podemos hablar con calma”. Viene desde el otro lado del océano. Nos cuenta que tiene su estudio en Berlín, pero que ha trabajado mucho tiempo en Barcelona, de hecho, mantiene a las afueras de la ciudad un espacio creativo. Llega a Panamá de mano de la galería Weil Art para exponer sus cuadros en la Alianza Francesa.

La muestra se llama Portraits y estará abierta al público de forma gratuita hasta el 31 de octubre. “Vine por primera vez a Panamá en marzo, visité el edificio de la Alianza y me pareció un espacio muy interesante y con buena iluminación”, dice el pintor. La serie que se podrá ver allí está compuesta por retratos de gran formato de famosos panameños como Rubén Blades, Omar Torrijos, Roberto Mano de Piedra Durán o Mariano Rivera, junto a otros mundialmente conocidos como Catherine Deneuve, James Dean, Salvador Dalí o Frida Kahlo.

“A algunos de los panameños ya los conocía, son bastante icónicos, es gente que parece que siempre ha estado ahí, como los que salen en los billetes, aunque no acabemos de ubicarlos”, nos cuenta Alberto. “Roberto Durán, por ejemplo, era alguien que estaba en mi cabeza, recordaba peleas suyas, sabía que había abierto el mundo del boxeo a Latinoamérica”. Su elección no se basó únicamente en la popularidad de los personajes, “también hay que tener un material fotográfico bueno, si no, es casi imposible”.

Ramírez se ha especializado en retratos de gran tamaño, un formato en el que se inició en abril de 2005, cuando se reencuentra en Barcelona con un amigo de la juventud. Ambos habían ya empezado sus carreras artísticas en solitario y, tras un periodo de reflexión, deciden unir sus caminos y crear LEG. En julio de 2005 crean su primera obra juntos: una tela de nueve metros bautizada con el nombre Las caras. Durante todo el año realizaron exposiciones en varios países de Europa. Cuatro años después el duo decide separarse y proseguir sus respectivas carreras en solitario.

“Cuando empecé con este formato, con retratos de 2,20 por 1,30 metros, nunca pensé que fuera a seguir con ello, pero fui evolucionando, profundizando en el lenguaje las caras y, hoy por hoy, no hay nada que me fascine más que el rostro de una persona“, nos cuenta Alberto, quien reconoce que “muy raramente hago encargos, prefiero que si una persona quiere algo mío sea porque directamente lo vea y le guste”.

Su próximo proyecto es pintar gente anónima, algo que Alberto no suele hacer, pero centrado “en personas de mi entorno, que yo conozco, para poder darle una psicología a la pintura, una interpretación, y llenarla de sensaciones”.

Sensaciones son precisamente lo que transmiten sus cuadros. Y, en parte, lo hace mediante el uso del color, “a veces los elijo en función del personaje y antes de empezar tienes muy claro como va a ir, otras empiezo a manchar y a tirar la pintura y a ver por donde va, pero no es solo el personaje el que me marca la línea, también depende de la etapa vital en la que estás, hay épocas en las que usas una paleta de colores y tiempo después, esa misma gama te satura”.

Su pintura destaca también por la sensación de movimiento que transmite, “la idea es que estos retratos sean algo dinámico, aunque en principio pueda parecer todo lo contrario, una persona posando al fin y al cabo es una imagen estática -dice-, sin embargo siempre me ha atraído, desde le punto de vista artístico, trabajar a toda velocidad, con un trazo rápido, que veas el principio y el final, eso junto a las formas y el color te da la sensación de no estatismo”. Quizás por eso, Alberto confiesa que “cuando estoy más contento con el trabajo es cuando lo hago en una o dos sesiones, cuando se me atasca algo pierdes toda la frescura”.

Acostumbrados a poner etiquetas a todo lo que nos rodea (personas, objetos, tendencias…), la pintura de Alberto Ramírez “no tiene un estilo muy definido, es figuración, tiene algo de impresionismo, de pop…, hoy está todo muy mezclado. Ahora que vivo en Berlín veo mucho pop, mucha vanguardia underground, personas que lo mezclan todo para ver lo que sale….”. Sobre ese concepto trabaja actualmente Alberto Ramírez con el artista alemán Jochen Vrba, “cada uno aporta una idea y de ahí sale una tercera”, dice.

Como cualquier artista, Ramírez se mantiene en constante evolución, y tiene una parte de su pintura “con más contenido, que me permite investigar por otras ramas, me apetece trabajar el lenguaje de un rostro y también el lenguaje corporal, hacer algo más artesano, trabajar la técnica pero profundizar en un aprendizaje académico, y llegar a una descomposición formal, que es lo que pretendes al final. Te das cuenta de que tienes que crear algo para luego destruirlo, me parece más complicada una abstracción que algo figurativo“, nos cuenta.

Hasta el 31 de octubre podremos ver las obras de un pintor que recientemente ha sido fichado como artista fijo en la Pop International Gallery, de Nueva York, que tiene obras de personajes como Bob Dylan o Ringo Starr, y pinturas de los grandes iconos del arte pop de las últimas décadas: Warhol, Basquiat, Keith Haring, Stephen Holland… Todo un lujo para Panamá.

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